Mick Jagger. ‘God gave me everything’


Mick Jagger, entrado en años.

Mick Jagger, entrado en años.

Zuloko presumía recientemente de que Lo Que Coma Don Manuel cuenta con “los lectores más guapos que una bitácora puede desear”. Y a todas las chicas guapas les gustan The Rolling Stones. Y el cantante de Sus Satánicas Majestades es Mick Jagger… Esto me ha llevado a escoger hoy como momento musical ‘God gave me everything’, un videoclip en el que Sir Michael Philip Jagger camina como Chiquito de la Calzada. Tal y como acostumbra, sí, pero en esta ocasión lo hace surcando los pasillos de un supermercado, envuelto en los vapores de una cocina y entre cuerpos inertes colgados y abiertos en canal, sacudiéndose el frío en lo que parece la cámara frigorífica de un matadero.

También se ve a Lenny Kravitz en chándal, haciendo aspavientos y posando con su Gibson Flying V, y a una chica guapa meneando el esqueleto mientras camina y escucha en su discman (verdadero escombro tecnológico) un CD-SG. ¿Cuál? Este ‘God gave me everything’, primer single de ‘Goddess in the doorway’, en el que Morritos Jagger canta que a Dios le puedes ver lo mismo en el cielo azul que en los ojos de una mujer. Ya ven, la pescadilla que se muerde la cola.

(Igor Cubillo)


Marianitos blancos, Heavy Rocks y Jornadas del Marisco


Algunos jueves mi jefe Cuchillo me deja sitio en este blog para que cuente mis experiencias. Es como cuando a los niños les abren las puertas del recreo y se ponen a jugar. Me lo paso bien en este blog, carajo.

Así que tenía programado un post  que verán en breve y que se llamará “Diez restaurantes imprescindibles del Oriente Asturiano” y es que mucha gente me pregunta a qué restaurante ir en la zona de Llanes y ya estoy cansado de explicarlo de viva voz, así que, a partir de que se publique ese post, haré un corta y pega del enlace y diré a los preguntones: “miradlo en Lo que Coma Don Manuel (coñe)”. Que ésta es una bitácora que divierte, enseña y entretiene (y de vez en cuando hasta regala mariscadas). Pero esta semana he tenido dos acontecimientos gastronómicos y, como dice el chiste, uno ha sido bueno y otro malo.  ¿Cuál queréis que os cuente primero? – ¡El bueno, el bueno! Ya veo. Así que empecemos por el malo.

Me pregunto, ¿por qué, si hay tanto profesional de la hostelería en paro, en determinados sitios se contrata a gente que no tiene ni idea? Y sobre todo, si no saben, por qué no hay nadie, un encargado o un dueño, que les enseñe y les corrija. Y por qué esos lugares con un servicio nefasto pretenden sobrevivir en un mercado cada vez más complicado. Y lo digo porque esta semana un grupo de cinco amigos acudimos al restaurante De Santa Rosalía, sito en la calle Calle Diputacion, 8, de Bilbao. No pensábamos comer allí pero se nos hizo tarde y contemplamos la posibilidad de hacerlo.

Martini, bianco

La primera experiencia en la terraza con tres vermús fue surrealista. Somos fans del vermú blanco y, como sabemos que en nuestra zona eso no se lleva, insistimos en el color, tres veces. Tres vermús blancos. Y apareció la señorita con vermú rojo, claaaro. Un error lo comete cualquiera pero lo que no es de recibo es que, encima, se pretenda que la culpa ha sido del cliente, que no sabe lo que ha pedido. Mal empezamos. Cuando le preguntamos si podíamos comer, sobre las tres de la tarde, miró el comedor y nos dijo “en media hora”. De acuerdo, asentimos. Pedimos otra ronda y esta vez sí llegaron los vermús con su color, peeero, no habían pasado ni dos minutos cuando nos exigió que ocupáramos nuestros sitios. ¿Cómorl? ¿No era media hora? ¿Podemos tomarlo y luego nos sentamos? No, fue la lacónica respuesta; “si no os sentáis de inmediato, ocupo la mesa”.

Os habréis dado cuenta, amigos y amigas, que en ese momento una persona humana dotada de libre albedrío, como dijo Kant (el filósofo, no el jugador del Borussia), se hubiera marchado. Pero lo que ocurre cuando formas un comité es que las decisiones son colegiadas y todo es mucho más complicado. Así que nos sentamos, tras tomar el Martini (blanco) a gollete y deprisa. Una vez dentro pedimos bebidas y allí llegó la tercera. Entre lo que se pidió había una botella de agua (sí, lo sé, tengo amigos raros que gustan de inundar a sus comidas). Y el agua llegó con gas y lo pedido era sin. Y volvimos a pedir otra botella y que nos retiraran lo no solicitado. Yo, que soy más malo que Montoro haciendo un Presupuesto, o que Mourinho con Casillas, o que los ingenieros de la Diputación de Bizkaia en el diseño de accesos a Bilbao, les dije “¿qué os apostáis a que nos la cobran?”; y vôila, nos la cobraron. Discusión, nueva duda del servicio sobre los clientes, ovación, despedida y cierre. Y se preguntarán: ¿qué tal comieron? Y les diré, no me apetece comentarlo, no pienso regresar a ese lugar, o regresaré cuando en España la tasa de paro sea del 4 por ciento. Osea.

Y hablemos de lo bueno. Lo bueno esta semana ha sido acudir al noveno aniversario de un restaurante singular. Un sitio en el que los camareros son formados, acuden a cursillos, son nombrados campeones en concursos de baristas y en el que los dueños se ocupan de su personal y del cliente. Me refiero a La Roca del Fraile (Polígono industrial, Edificio C modulo 11Ribera de Axpe, 48950 Erandio – Bizkaia). Un restaurante diferente que cada día innova en algo tan sencillo, pero a  la vez tan complicado, como el menú del día. Que utiliza las redes sociales de una forma impecable y que, hoy por ejemplo, la gente que acuda a su comedor (mayoritariamente trabajadores de la zona) podrá escoger entre escabeches marineros con espinacas fritas y vinagreta de piñones; cocido de garbanzos con morcilla; macarrones carbonara; berenjena al horno con refrito de ajetes frescos; cazón en adobo frito con ensalada; muslo de pollo asado con ragout de hongos y patata; lomos de merluza plancha, refrito concasse y piperrada; hígado de ternera encebollado, jugo de carne y patatas fritas. Como se ve, un menú que se sale de los cánones batalleros, trabajado y pensado. Y con un servicio impecable. Sí se puede. Zorionak por los diez años.

Y una coda más, de propina. Este fin de semana, si se acercan por Asturias y les gusta el marisco, tienen una cita. Las Jornadas del Marisco de Llanes que anda ya por su XI Edición. Las Jornadas del Marisco ofrecen un menú a un precio de 36 € + IVA e incluye vino con D.O. y gran variedad de platos.

En el archivo PDF adjunto podrán encontrar la información sobre los restaurantes que participan, así como los menús que ofrece cada uno de ellos. Nosotros ya tenemos echado el ojo a uno, en concreto al del Riu Calabres ,en Posada. Además, como promoción, los comensales podrán también visitar la fábrica de Anchoas Ballota, en Cué, el sábado 19 de mayo a las 17,30, y el Aula del Mar, en Llanes, el sábado 19 a las 12,30 hrs. Para la visita al Aula del Mar será necesario hacer reserva previa en la Oficina de Turismo (985400164). Que no se diga que no les ponemos planes.

tomó vermús (blancos), disfrutó de la Fiesta Aniversario de la Roca y piensa ir a las Jornadas, el zuloko, que sabe más que los ratones coloraos


Bar Restaurante Next (Donostia). Alta ¿qué?


Alta brocheta de bacon y langostino, de Next (f: cuchillo)

Alta brocheta de bacon y langostino, de Next (f: cuchillo)

Hace bien poco estuve comiendo en el Neext, bar restaurante del barrio donostiarra de Altza. Acudí con mi penúltimo cupón de ‘descuento’, y salí de allí insatisfecho. Y habiendo comido menos de lo pactado. No obstante, en un primer momento, decidí no escribir nada, no dar a conocer mi experiencia. Por no provocar un malestar que juzgué, en primera instancia (insisto), innecesario. Porque no recordaba cuánto me había costado el cupón de marras, por lo que restaba importancia a lo sucedido. Y porque pensé que se trataba de un bar de barrio, sin más pretensión. Pero el lunes cambié de opinión al ver la nueva ‘oferta’ de Gluup, donde el local en cuestión, dirigido por los hermanos Alina y Cristian Rahau, se presenta como exponente de la “alta gastronomía en miniatura”. ¿Quieren saber mi opinión? Detrás de tal afirmación hay mucha petulancia, mucha ínfula y mucha tontería, cuando no buena dosis de engaño, pues la propuesta del Next no deja de ser una sucesión de pintxos en absoluto extraordinarios, en ningún caso representantes de corriente alguna de la alta cocina.

Alta tartaleta de ensaladilla rusa, de Next.

Alta tartaleta de ensaladilla rusa, de Next (f: cuhillo)

“Alta gastronomía en miniatura”; “ingredientes caseros y un toque gourmet”; “Gluup y Next se unen para deleitar tu exigente paladar”… Lo leo, recuerdo mi experiencia y se me saltan empastes y lágrimas. Un poco de risa. Y otro poco por la decepción que pueden producir las elevadas expectativas en el comensal no advertido. Yo comí lo que cito a continuación. “Hojaldre relleno de ensaladilla rusa con vinagreta de aceitunas”; resultó ser lo previsible, una tartaleta de ensaladilla de lo más sencilla e intrascendente. Un pimiento relleno de bacalao con salsa de marisco; sin más. “Verduras sobre pan tostado con boquerón y vinagre de Módena”; o sea, un pintxo de pisto frío con anchoa. Luego, brocheta de bacon y langostino, con su ajo y su pimiento rojo y verde; otra nadería. El prometido risotto de pulpo con pimenton de la Vera se transformó (¡tatatachán!) en arroz con champis. Y un pintxo de pastel de cabracho antecedió a la ración de carrillera de cerdo. De postre, pantxineta. Eché cuentas y me percaté de la ausencia de la prometida croqueta de hongos y de la crema de verduras con gamba en su tempura. Qué morro. Un olvido se presume despiste, dos simple racanería.

Había pagado 16,75€ por seis pinchos, carrillera, panchineta, café y vino Viña Campus (navarro, no riojano, como se ofrecía). Pasé del tema. Pero les aseguró que, si me hubieran cobrado 41€, como aseguran en la oferta que es el precio apropiado, mi reacción hubiera sido tal que el incendio del 31 de agosto de 1813 iba a parecer una chorrada… Anda, a robar a un camino. Hombre, ya.

(Cuchillo)

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C/ Harrobieta, 15; 20017 Donostia – San Sebastián

943 35 03 73


Bienvenidos a Sidrería Diego (Madrid)


Con ustedes, el minero que recibe en Sidrería Diego (foto: Blackie)

Con ustedes, el minero que recibe en Sidrería Diego (foto: Blackie)

La calle Hartzenbusch es conocida (en su casa, a la hora de comer) por ser una de las vías con denominación más extraña e impronunciable de cuantas surcan el callejero madrileño. Pero aquí, en esta casa, cobró fama en el mismo momento en que la misteriosa Blackie se topó en su número 6 con el minero de la imagen, expresó “¡Menudo Bienvenidos!”, tomó las fotografías correspondientes y nos las hizo llegar. Toda maja ella. Merçi!!! (sic)

Foto de Blackie.

Mineros locos (foto: Blackie)

El papel que pende del cuello del maniquí ofrece arroz con bogavante y gambas, más botella de sidra, por 32 euros (dos personas). Es sólo una de las combinaciones que se pueden degustar en el Mesón Sidrería Restaurante Diego, responsable de tan singular atrezo, entre aromas de raciones y platos típicos asturianos.

Suponemos que el grueso de su clientela será lo que mayormente venimos a llamar currelas, y estudiantes, que no será el lugar más indicado para una cena romántica en el barrio de Chamberí.

Pero es sólo un suponer. Conste.

(estima la cuenca minera, borracha y dinamitera, Cuchillo)

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* Lo Que Coma Don Manuel destaca en la sección Bienvenidos aquellos ornatos, muñecos, carteles, dibujos y otras decoraciones singulares que, con cierta gracia, nos dan la bienvenida a restaurantes, bares, bistrós, tabernas, chigres, sidrerías, tascas y demás locales hosteleros que tanto nos gusta visitar *


Casa Pancho (Burgos). Popular y turística


Imagen de la barra de Casa Pancho, tomada de su web.

Imagen de la barra de Casa Pancho, tomada de su web.

Burgos es Capital Gastronómica de España 2013 y yo ya iba avisado con las notas del suplemento de viajes del ABC, que espigaba entre los bares y restoranes de Burgos. Pero, aún así, callejeando nos cruzamos de sorpresa con la rúa con más bares: San Lorenzo, pegada a la Plaza Mayor. Ahí está el clásico y popular Casa Pancho, el primer bar al que entramos en nuestra escapada castellana. ¡Casa Pancho fue mi primer bar burgalés en más de un cuarto de siglo! Snif, snif… El Lunes de Pascua fuimos a potear y a reservar mesa, y el martes a probar su menú del día por 12 euros. El lunes había muchos turistas y muchos vascos (joder, me persiguen), pues esta tasca es hito obligado de esas manadas de profanos que miran curiosos a sus paredes, carteles y tal.

El primer día entramos al Casa Pancho y tomamos esto: corto de cerveza (1 euro), un Ribera del Duero (1,50; Cillar de Silos joven, empezó ácido y creció), más sendas especialidades culinarias: croqueta de ibérico para La Txurri (1,40, le encantó, y es que estaba de cortar) y para mí la superespecialidad, un ‘cojonudo’ de chorizo, que es un choricito con huevo de codorniz (1 aurelio cuesta, y también hay ‘cojonudas’, con morcilla).

Ensalada de Casa Pancho (f: Susana)

Ensalada de Casa Pancho (f: Susana)

Ese día, Lunes de Pascua, ya se ha dicho, habían llenado el comedor y reservamos para el día después. Hay muchos camareros trabajando en Casa Pancho, local que dispone de un comedor abajo, que no recomiendo porque llega el ruido de la barra, y otro arriba más recogido. La pega es que el baño es único, el mismo para todos los clientes de bares y comedores. El lunes había un menú apetecible con cordero guisado, alubias, escalopines al roquefort, emperador y más. Pero acudimos el martes, que de primero había garbanzos, ensalada de pasta o lo nuestro. Yo, sopa castellana al estilo clásico, bastante líquida, o sea no muy espesa, caliente, sin huevo y con mucho (demasiado) chorizo; rica y genuina sopa, pero las he probado mil veces mejores. La Txurri escogió una ensalada a la que echó más vinagre, hasta que ardía la boca.

De segundo había chipirones en su tinta con arroz y ella pidió lomo a la riojana, que no estaba adobado, tenía poco sabor, y llegó acompañado por patatas y sepultado por una montonera de pimientos que parecía pisto grueso. Yo pedí conejo a la cazadora y de lejos olía que alimentaba esa ración generosa adornada con pimientos que no le añadían nada. Me tiré un largo tiempo chupando todo el conejo, o sea todos los huesos.

Comimos con una caña de cerveza para ella, que subieron desde la barra y que calificó de 10, y yo con el vino de la casa, Miguel Martín SL, de Valladolid, ácido pero bien para ese condumio. Antes de los postres pasaron el recogemigas por la mesa y, de la larga lista propuesta, a ella le apeteció yogur Kaiku bífidus y a mí cuajada Ovejero, fría pero rica. La probó Susana y espetó: «puaj, sabe a leche». Pues menos mal. Por todo esto, más un café con leche que ni fu ni fa, me cobraron en total 25,75, y hala, hasta la próxima Burgos. Que no pasen otros 25 años.

(le atraen las tascas del pueblo a Óscar Cubillo)

web de Casa Pancho

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Calle de San Lorenzo, 13; 09003 Burgos

947 20 34 05


Itsas Azoka (Leioa). Bien, pero necesita pulir algunos detalles


Hace dos fines de semana nos acercamos al Centro Comercial Artea con la sana intención de comer de una manera diferente en Itsas Azoka, que ha traído a Bizkaia un modelo que ya se podía disfrutar en otros lugares y, a priori, parecía interesante. Se trata simplemente de un restaurante en el que, al igual que en la pescadería de la esquina, nada más entrar te toca coger número, aunque a mí siempre me ha gustado más lo de preguntar ¿quién es la última? Con el número en la mano, toca esperar a que la amable pescadera nos atienda, igual demasiado (solo hay una persona atendiendo) , y ahora es cuando nos entra la duda de qué elegir, pues la variedad es amplia: langostinos normales, langostinos tigre, carabineros, vieiras, mejillones, gambas, cigalas, percebes, almejas, caracolillos, quisquillas, pulpo… De segundos también estaban sobrados: bogavante, txitxarro, merluza, besugo, lubina, rape e incluso, para quien lo desee, diversas carnes.

El proceso es simple, tú eliges el producto, pagas y ellos cocinan. Te dan una chapita con un avisador y cuando el pedido va saliendo lo recoges y a ir comiendo. En otro mostrador adquieres la bebida y el pan, y después, ya al final, los postres. Además, te dan diferentes números, para no juntar los primeros con los segundos y poder comer con tranquilidad; eres tú quien les avisa cuando quieres que se ponga en marcha el segundo plato.

Almejas de Itsas Azoka (f: El Tal Iván)

Almejas de Itsas Azoka (f: El Tal Iván)

Nosotros nos decantamos, de primero, por caracolillos (20 euros/kilo), carabineros (65), langostino normal (39,95), langostino tigre (65), almejas a la marinera (48,50), pulpo (20, la ración) y unas vieiras gratinadas (4, la unidad). Y posteriormente una lubina (32 euros/kilo).

La calidad del producto es buena y la cocina funciona bien. Ni uno solo de los platos estaba mal cocinado o tenía alguna pega, pero lo que fallaba ligeramente era el servicio. Probablemente sean errores de juventud, pues sólo llevaba abierto una semana, pero convendría que estuviesen atentos. Como anécdota, contar que cuando nos dirigimos a por la ración de pulpo, pues nuestro avisador así nos lo indicaba, algún avispado se nos había adelantado y, delante de los cocineros, se había quedado con nuestro pulpo. Eso sí, rápidamente nos prepararon otra magnifica ración, pero quizá la solución de andar dando chapitas con numeritos y avisarte a la mesa no sea la mejor en el país de la picaresca.

El precio, pues no está mal, son productos que de unos días a otros pueden sufrir bastantes variaciones, con lo que conviene fijarse bien en lo que uno elige. Lo único quizá con un precio un poco elevado fueron los postres, pero la tónica general fue de buena calidad sin ser demasiado caro.

(El Tal Iván)

web de Itsas Azoka

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Barrio Peruri, 33 (Centro Comercial Artea, Edificio Mirador); 48940 Leioa (Bizkaia)

94 491 42 46


Carla Bruni. ‘Mon Raymond’


Imagen promocional de Carla Bruni.

Imagen promocional de Carla Bruni.

A ver, uno escribe “Carla Bruni” en google y rápidamente se entera de que Carla Gilberta Bruni-Tedeschi nació hace 45 años en Turín. Que, no obstante, está nacionalizada francesa; no en vano es la tercera esposa del ex presidente francés Nicolas Sarkozy. Que fue modelo, toda una top model. Que ha participado, como actriz, en películas como ‘Unzipped’, ‘Paparazzi’ y ‘Midnight in Paris’. Que, además, es cantautora. Y esto es lo que más nos interesa a nosotros (más incluso que la hipótesis de que su padre no es su padre). Mucho más desde que se estrenó el clip de ‘Mon Raymond’.

La referida canción forma parte de ‘Little french songs’, un cuarto álbum donde la Bruni canta en inglés, francés e italiano. Y el vídeo se rodó en Le Pure Café, en París, por lo que encaja a la perfección en el concepto de nuestros momentos musicales. Lo haría aunque la protagonista no se tomara un café, ni aparecieran cajas de chocolate, ni un anuncio con un huevo suspendido sobre una cabeza, ni la producción terminara con un guiño a ‘Desayuno con diamantes’.

(cuchillo)


Restaurante El 24 de la Paloma (Burgos). Cerca de la catedral


Con esta imagen anuncia los pescados en su web, El 24 de La Paloma.

Con esta imagen anuncia los pescados en su web, El 24 de La Paloma.

Mi esposa, que es la que tiene coche, me amenazó así: “No te vuelvo a llevar a Laguardia hasta que no vayamos a Burgos, que yo no lo conozco y tú sí”. Grrr… Me hice el digno y simulé que me resistía y que al final transigía. Y es que Burgos es ahora Capital Gastronómica de España 2013, je, je… Dos días estuvimos en la capital castellana. Hacía muchos años que yo no recalaba en Burgos. Más de un cuarto de siglo, exactamente. Ahora está más limpia y más ordenada. Y es más turística, sobre todo alrededor de la catedral, donde se concentran los mejores locales de restauración, que son lo que me atraía de la escapada. De los bares de la parte vieja, digamos que lo pasé muy bien con los pecaditos de La Taberna de Correos, que me olvidé de pedir Ribera del Duero en el Rimbombín (vaya barra de pinchos expone; yo me zampé uno de huevo escaldado con pisto que me costó tres eurazos pero lo disfruté mazo), y que también estuve en Casa Pancho, frecuentada taberna turística con buenos pinchos de la que hablaré aquí el próximo martes. Ah, no nos pusieron tapas en ningún local. Igual fuimos a las horas equivocadas.

A la hora del almuerzo no me quise gastar un dineral probando cordero en el clásico y reputado Ojeda, cuyo aroma invadía la plaza de La Libertad, y por lejanía espacial no pude hacer caso a la recomendación de mis hermanos sobre el restaurante Landa, pegado a la autopista. Esos dos días de visita cumplí mis previsiones, tomadas de un artículo sobre Burgos del diario ABC, que me ayudó a dibujar una hoja de ruta con bares y a señalar dos restaurantes para sendas sentadas: el primer día en El 24 de La Paloma, calificado por el crítico Carlos Maribona como moderno, y el segundo en el Casa Pancho, una oferta de las más atractivas de la capital según el mismo Maribona.

Era Lunes de Resurrección, en plena semana pascual, con el río Arlanzón crecido, cuando fuimos a La Paloma. Pedimos su menú castellano, por 25,50 euros + IVA, que le iba de maravilla a la jornada. Consiste en un entrante, primero y segundo a elegir entre dos platos, postre, y sin bodega ni pan que se abona aparte (a dos euros el servicio, hala; que se cobren la propina de ahí). En total aboné 76,01 euros, sumado el bebercio: La Txurri gozó una cerveza Selecta de tercio (2,50) y yo me bebí medio litro de PradoRey Roble 2011 (9,80), un Ribera del Duero que me gusta más que sus crianzas y reservas, un tinto floral, potente y complejo.

El 24 de La Paloma está cerca de un vértice catedralicio y, aunque por fuera la fachada no promete maravillas, en el interior el local medra y puede asombrar: techo de madera y forja, paredes de piedra y cristal, suelo verdoso y un sobretecho con más mesas para cuando se colma el comedor de la planta baja y donde se encuentra la bodega que nos ensañaron amablemente. Separados de las mesas de los demás comensales, degustamos esto con la bebida y el pan que elegimos: yo de tomate, me parece, y ella de aceitunas (a dos euros nos lo cobraron a traición, ya se ha dicho). Ahí voy:

Postre de El 24 (foto: O.C.E.)

Postre de El 24 (foto: O.C.E.)

Aperitivo frío: Una patata cocida fría con puerro y bacalao. Vaya. 5 puntos le puso La Txurri, que es profesora de Matemáticas y Económicas.

Entrante / Crujiente de morcilla relleno de pimiento asado (9,80 en carta): «Te va encantar. Superbueno», me advirtió mi esposa. Suelo rechazar las mistificaciones de la morcilla, pero esta me convenció: sabrosa, genuina, con crujiente en vez de la piel, más trocitos de pimiento rojo infiltrados. Con la morcilla el Prado Rey crecía, y con 9 puntos calificó la matemática a la morci.

Primer plato / Sopa castellana deconstruida (9,90 en carta): La elegí yo. No compagina la fórmula. Te traen el caldo sobre un fondo de cebolla y con el huevo escalfado protegido por otro crujiente. Se trata de romper el huevo y mezclar crujiente, huevo, cebollas y demás con el caldo. Lo malo es que no se integran los sabores. No es una sopa compacta. El vino creció, pero estaba sosita la sopita. Prefiero la tradicional. Susana sentenció: «Prefiero las sopas de Maggi». Y con 5 puntos la aprobó.

Primer plato / Ensalada de trucha escabechada: Le sedujo a mi consorte. La trucha olía a distancia y la comensal apartó el pan tostado y el pimiento rico en el plato. La gozó con la ensalada y hasta otorgó un 10 al pan (yo un 7 al mío), y otro 10 a la ensalada; y yo un 8 ó 9 al vino, y ella ponderó la cerveza, aún rica aunque menos fría.

Segundo plato / Chuletillas de cordero: Ella dijo que las patatas eran de 10 (sí, ricas y rústicas) y las chuletillas de 8’5 ó 9, aunque el trozo que probé yo estaba un tanto gomoso. Pero fíense más de ella.

Segundo plato / Lechazo asado (18,10 en carta): Buf, vaya pedazo me sirvieron. Era para dos. Con la piel crujiente y bastante líquido abajo (del natural: agua y grasa del bichito esencialmente). El vino sabía más dulzón y la mucha grasa del lechal la deglutí con la ensalada (de 10 la calificó La Txurri). Yo la gocé con el cordero y paré el tiempo, aunque lo puntuaría con 7 u 8.

Postre: Cremoso de cuajada casera, miel de flores y polvo de nuez. Recomendaban romper la galleta y comerlo todo junto, y estaba mucho mejor que la deconstrucción sopera. Se acompañaba de un daikiri de frutas rojas, un tanto inferior empero su nivelón, ¿eh? Ah, Susana, que rechaza el dulce, objetó que no quería ese postre y le sirvieron otro de manzana troceada con no sé qué y que calificó con otro 10. Qué optimismo, oigan…

Más el café (1,80 + IVA), en total pagué los referidos 76,01 euros y me atrevo a recomendar El 24 de La Paloma, por su calidad culinaria, su ambiente ajeno a lo turístico y su atmósfera nada popular.

(más de 25 años que no visitaba Burgos, Óscar Cubillo)

web de El 24 de La Paloma

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Calle La Paloma, 24; 09003 Burgos

947 20 86 08


Bienvenidos a Olasagasti Sagardotegia (Donostia)


Alegres manzana y hacha que indican la proximidad de Sidrería Olasagasti (foto: Uve)

Alegres manzana y hacha que indican la proximidad de Sidrería Olasagasti (foto: Uve)

No osaré jamás decir de Joxe Mari Olasagasti que fue cocinero antes que fraile. Pero sí me permitiré la licencia de alterar tal dicho popular, y afirmar que antes fue aizkolari que sidrero.

Y eso es así; lo demuestra cuando entrena sobre un tronco y nos lo muestra en el rótulo que acerca hasta la mismísima puerta de su sidrería. Puro marketing cargado de simbología: hacha y manzana. Para qué complicarse. Hombre de pocas palabras, conciso y sencillo. Práctico. Tan pronto sirve un menú de sidrería de precio aproximado, como vende leña o incluso arregla tu jardín. Buena estrategia de venta la suya, buen negociante. De caserío él.

Oriundo y de sobra conocido en el barrio de Igeldo, ostenta desde hace unos años un bonito caserón en las campas igueldotarras, donde solamente se puede ir a cenar, de martes a sábado, que por las mañanas se deja ver con sus bueyes, y los domingos hay que descansar.

Y ese mismo hombre que corta troncos como si de plastilina se tratase, que tiene las manos como remos, que sirve el café de puchero en el mismo vaso del vino (aclarado en agua previamente, que hay modales)… presume de bañar a sus bueyes en agua caliente, y hasta perfumarlos con Nenuco. Suena a broma, pero viéndole a él, no seré yo quien lo cuestione….

(Uve)

web de Olasagasti Jatetxea

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Arritxulo bidea, 22; 20008 Igeldo, Donostia-San Sebastián (Gipuzkoa)

943 21 32 90

* Lo Que Coma Don Manuel destaca en la sección Bienvenidos aquellos ornatos, muñecos, carteles, dibujos y otras decoraciones singulares que, con cierta gracia, nos dan la bienvenida a restaurantes, bares, bistrós, tabernas, chigres, sidrerías, tascas y demás locales hosteleros que tanto nos gusta visitar *

A ver quién le lleva la contraria a José Mari Olasagasti (foto tomada de su web)

A ver quién le lleva la contraria a Joxe Mari Olasagasti (sidreriaolasagasti.com)

 


Restaurante La Bola (Madrid). Cocido madrileño con prisas


Detalle de la fachada de Taberna La Bola (foto: María Mora)

Detalle de la fachada de Taberna La Bola (foto: María Mora)

Un par de veces al año cae una escapadita a la capital del reino. La última ha tenido como excusa llevar a mi sobrina a ver un espectáculo de esos que se supone que son para público infantil, pero que los mayores disfrutamos más que ellos. Particularmente en mi caso, ya que no hay cosa que más me guste en esta vida (después del buen comer) que un musical en vivo y en directo. Da igual que sea bueno o malo. Si hay cante y baile de por medio, me vale.

Teniendo en cuenta que mi sobrina es muy mala comedora (lo que se está perdiendo la pobre; ya se arrepentirá, ya), y que de las pocas cosas que le hacen tilín es la sopa con fideos, la elección fue bien fácil: La Bola. Sopita para ella, cocido completo para el resto, y todos contentos. Además, estaba cerca del teatro para ir poder ir andando tras la comilona.

Sold out en el primer turno de comidas de La Bola (foto: María Mora)

Sold out en el primer turno de comidas de La Bola (foto: María Mora)

En la Bola sólo ofrecen dos turnos de comida: uno excesivamente pronto, a las 13:30 horas (la hora de las rabas en Bilbao), y otro muy tarde, a las 15:30 (casi casi la hora del patxaran). Así que, como teníamos que estar en el teatro a las 17:30 horas, elegimos el primer turno. Llegamos con diez minutillos de retraso al local, y nuestra mesa era la única que faltaba por ocupar. Qué puntualidad más británica la del resto de comensales… Sorprendente.

Nos empezamos a quitar los abrigos y, casi antes de sentarnos, el camarero nos pregunta (más que nada por educación, porque se da por hecho que todos los que van a La Bola comen lo mismo) si queremos cocido para todos. Le puntualizo que sólo dos y una sopa sin “sacramentos” (a los sacramentos sólo les llamamos así en el País Vasco, ¿no?), a modo de menú infantil castizo, para mi sobrina. Para que los garbanzos pasaran mejor, elegimos un Beronia crianza.

Recipientes típicos de Taberna La Bola (foto: María Mora)

Recipientes típicos de Taberna La Bola (foto: María Mora)

Pues fue sentarnos, ponernos la servilleta encima y ya teníamos los tres la sopa en la mesa. Ni los técnicos de Ferrari en el pit lane. Tienen todo ya preparado: los fideos ya cocidos en platos, y el caldo y el resto del cocido en unas vasijas marrones de barro individuales. Y en la mesa, un platito con cebolleta cortada, salsa de tomate y guindillas para servirse al gusto de cada cual.

La sopa de La Bola (foto: María Mora)

La sopa de La Bola (foto: María Mora)

Una vez tuvimos el plato de fideos secos delante, el camarero nos ordena cual a niños pequeños, ponernos la servilleta como si fuera un delantal, “por si nos manchaba”, y empieza a servir a cada uno el caldo de la vasija de barro, con cuidado de que no cayeran muchos garbanzos ni carne ni chorizo en los fideos. Et voilá! Sopa lista. Estaba de lujo. Se notaba que el caldo “tenía chicha” y fuego lento. En la superficie se quedaba esa fina capita de grasa brillante, señal de que el cocido tenía poderío.

Platazo de cocido, de Taberna La Bola (foto: María Mora)

Platazo de cocido, de Taberna La Bola (foto: María Mora)

Apenas dos o tres minutos pasaron desde que nos terminamos la última cucharada de sopa y el camarero ya estaba de vuelta para verter todo lo que quedaba en las vasijas en los platos. Que tenían que preparar las mesas para el segundo turno y había prisa (por si aun no había quedado claro). Con la premura, al camarero se le colaron unos cuantos garbanzos en una de las copas de vino. Nos la cambió con la velocidad que para todo le caracterizaba, pero no tuvo el detalle de invitarnos a algún chupito o algo, ya que habíamos pagado una copa de vino que se fue enterita por el fregadero… Detalle feo, creo yo.

Plataco bien contundente el del cocido, que no me terminé a propósito, no fuera a ser que me arrepintiera cuando estuviera haciendo la digestión sentada en el patio de butacas. Que una ya no es una jovenzuela y excesos, los justos. Qué tiempos aquellos en los que podías comer hasta hartarte sin necesitar un Almax de postre… La única pega se la pongo al pollo, que estaba más seco que la mojama, pese a ser muslo y no pechuga. Lo demás, bien rico y, la verdad, mucho menos pesado de lo que nos esperábamos. Con un poquito de salsa de tomate (de la que ya estaba en la mesa cuando nos sentamos) y con la col cocida que nos trajeron después, aun mejor.

Nos quedamos con ganas de postre; por gula, obviamente, que no por hambre. Son famosos los buñuelos de manzana de La Bola, que tuve la oportunidad de probar en otra ocasión y, ciertamente, tienen bien merecida su fama. Por lo que vi, fueron pocos los comensales que no los eligieron para culminar la comida.

La verdad es que agradecimos que ese día la primavera hubiera decidido tomarse el día libre. Los calores que nos entraron con los garbanzos y las prisas, con 20 grados en la calle hubieran sido imposibles de soportar.

El precio de cada cocido completo fue de 20€ (IVA incluido). Imprescindible reservar.

(hubiera preferido quedarse un ratito de sobremesa, sin que le trajeran la cuenta sin pedirla, María Mora)

web de La Bola

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Calle La Bola, 5; 28013 Madrid

91 547 69 30


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